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Escrito por pediatras, pensado para las familias

Comportamiento de los niños: qué pueden hacer los padres

Cuando un niño "se porta mal" puede ser que esté cansado, triste, nervioso, incómodo. Si se entiende así, será más probable mostrarse afectuoso

Educar y criar a los hijos es una experiencia maravillosa y a la vez complicada. A menudo los padres se preguntan cosas como: ¿por qué parece que hace lo contrario de lo que se les pide?, ¿cómo se puede cambiar esto? Pero también hay que preguntarse: ¿cómo puedo acercarme más a él?, ¿hago todo lo posible por disfrutar con él?

¿Por qué parece que los niños hacen lo contrario de lo que se les pide?

Cuando un niño tiene una rabieta o responde “no” a lo que se le pide los padres se sienten retados, como si les echaran un pulso que ellos, como adultos, no pueden perder. Para comenzar a aplicar la crianza positiva, se debe realizar un esfuerzo para intentar ver más allá de la “conducta problema”, pensar que esta es una expresión de un malestar, que quizás desconocemos. Cuando "se porta mal” puede ser que esté cansado, triste, nervioso, incómodo, etc. Si se entiende así, será más probable que apetezca mostrarle afecto y ayudarle. Será mucho más fácil favorecer la comunicación y la relación entre los padres y sus hijos.

¿Cómo se pueden cambiar estos comportamientos?

Los padres tienden a prestar atención a los niños cuando "se portan mal”; sin embargo, se da por hecho que si están tranquilos “es lo que deben hacer”. Si se está atento a las conductas “buenas” (cumplir órdenes, esforzarse en las tareas, tratar bien a sus padres y hermanos), se identifican y se les brinda atención positiva, se consigue reforzarlas y aumentar la probabilidad de que se repitan.

Prestar atención positiva: elogiar y compartir juegos

Para mejorar la relación con ellos se puede empezar por redirigir la atención a comportamientos que se valoran y se quieren incrementar. Si lo que se quiere es que se vista solo y lo hace, hay que reconocerlo expresamente, elogiándole: “cómo me gusta que te vistas solo”. El elogio verbal debe ir acompañado de la expresión corporal, como una sonrisa, un abrazo, una palmadita.

Se deben elogiar todos sus esfuerzos y no solo los logros. Por ejemplo, si se le pide que se lave los dientes y se observa que lo está intentando, hay que elogiarle inmediatamente. Si, por el contrario, solo se presta atención al resultado final: “que se ha lavado los dientes muy rápido y no bien” – lo normal en los niños - y le reñimos,  en lugar de incrementar la posibilidad de que lo intente nuevamente y esté contento con lo que ha hecho, es probable que se frustre, se enfade y no quiera volver a repetirlo.

También se puede buscar el momento de hacer actividades conjuntas que les gusten a ellos, a los niños,  no las que les convengan a los padres. Hacer de cada momento un “plan especial” permite acercarse a ellos. Los niños deben participar en la elección del tipo de actividades: si se decide jugar con ellos a un juego que les guste o cocinar juntos, hay que concentrarse en prestarles toda la atención y dejarles que dirijan ellos el juego.

Al dirigir la atención a comportamientos “buenos, aceptables y adecuados”, se está ofreciendo a los niños una alternativa de comportamiento. Por ejemplo, si el niño pega a su hermana pequeña, habrá primero que averiguar por qué. Puede ser que no le quiera dejar su juguete por miedo a que se lo estropee o que se sienta triste porque los padres estén dedicando más atención a su hermana menor.

Si en lugar de enfadarse con él o reprochárselo, se reconocen estas emociones (miedo, inseguridad, etc.) se podrá ayudarles mejor. Así, se puede facilitar una conducta alternativa a esa conducta problema, por ejemplo, se le puede pedir que elija un juguete que quiera compartir y lo intente, y entonces, cuando lo haga, se le reforzará. También se puede elegir el momento para hacer con él una actividad “de mayores”, en la que no participe su hermana.

Manejar las conductas inadecuadas

A la hora de decidir cómo actuar ante las conductas que no agraden a los padres, se ha de pensar de antemano cuáles se pueden ignorar y cuáles no. Determinados comportamientos inadecuados, pero no peligrosos, se pueden ignorar. Así, al no prestarles atención, se estará facilitando la posibilidad de que desaparezcan.

Lo natural es que cada vez que se hurgue la nariz, se le diga que no lo haga. O que si grita para dirigirse a los padres, se le responda elevando aún más el tono de voz. Respondiendo así, el niño repetirá esta actuación, porque el resultado es que obtiene la atención. Por lo tanto, si se decide ignorar el comportamiento “gritar”, cada vez que grite se puede permanecer en la misma habitación, pero no interactuando con él (no se le debe reñir, ni darle advertencias, ni ponerle malas caras), y en el momento que deje de gritar y esté tranquilo se le prestará atención mostrándo cercanía y afecto, elogiando que esté tranquilo y que se valora mucho esa conducta.

No se debe olvidar que para los niños es más fácil imitar que obedecer; así, si se responde en tono bajo, él hará lo mismo. En ese caso, también se le debe explicar de forma calmada, cuando el niño esté tranquilo y receptivo, cómo debería hablar a las personas, con tono de voz tranquilo, con respeto, etc.

Hay que tener la precaución de no utilizar elogios y reproches al mismo tiempo. Por ejemplo, si se le elogia porque está colaborando en poner la mesa, no será adecuado decirle: “qué bien que estás colaborando en poner la mesa, ya podrías hacerlo más a menudo…”. Así solo se consigue que la alabanza pierda valor y deje de ser un refuerzo.

Otras conductas que, por el contrario, sean peligrosas o que no se puedan tolerar por las formas (insultos, agresiones, objetos peligrosos, etc.), deben ser interrumpidas de inmediato, sin amenazas, pero con decisión y firmeza.

Como conclusiones, prestar atención a las conductas positivas, jugar con ellos a lo que elijan, ignorar los comportamientos negativos pero inofensivos e interrumpir sin dudar los peligrosos, ayudará a construir una relación mejor con los hijos.

Artículo publicado el  
13-4-2016, revisado por última vez el 3-4-2016
La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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