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Niños prematuros: problemas más frecuentes

Para que el desarrollo cerebral sea adecuado es bueno intentar que el recién nacido esté en contacto con su madre o padre, piel con piel en canguro

Prematuro

Los bebés prematuros abandonan el útero antes de estar preparados, por lo que sus órganos inmaduros se van a desarrollar en unas condiciones que no son las ideales. Hasta el 10% de los nacimientos son prematuros, pero los que más atención van a necesitar son aquellos bebés que nacen con menos de 32 semanas de gestación o de 1500 gramos de peso al nacer.

¿Por qué necesitan incubadoras?

Cuando los bebés están en el seno materno tienen una humedad y una temperatura ideales para su desarrollo. Al nacer antes de tiempo tienen poca cantidad de grasa y una piel fina que no les permite protegerse del ambiente frío. Las incubadoras les van a proporcionar el calor y la humedad que necesitan hasta que sean capaces de controlar la temperatura por sí solos. Si el bebé esta piel con piel con su madre, también mantendrá una temperatura adecuada, además de todos los beneficios que se obtienen con el método canguro.

¿Qué problemas respiratorios pueden tener?

El pulmón del bebé prematuro es inmaduro y no está preparado para respirar adecuadamente. Con mucha frecuencia van a tener problemas respiratorios (enfermedad de la membrana hialina). Por ello, los niños más prematuros van a necesitar, según la gravedad, oxígeno adicional con unos tubitos que se colocan en la nariz para dar presión en sus vías respiratorias o respiradores mecánicos.

En ocasiones, los bebés prematuros pueden necesitar tratamiento con oxígeno a largo plazo (displasia broncopulmonar).

El conducto arterioso es un vaso sanguíneo muy importante en la etapa fetal, pero se tiene que cerrar al nacer. Si persiste (ductus arterioso persistente), puede producir problemas, entre otros respiratorios,  y por ello a veces necesita medicación y, en último caso, cirugía.

El problema respiratorio más frecuente son las pausas de apnea. Consisten en un cese temporal, mayor de 20 segundos,  en la respiración del bebé, como si su cerebro se olvidara de respirar. Se acompaña de bajada de la frecuencia de los latidos del corazón y bajada de la oxigenación (que se mide con el pulsioxímetro que se les coloca durante su ingreso).

¿Pueden tener más infecciones que un bebé nacido a término?

Cuando el bebé prematuro nace, su sistema inmunitario (“las defensas”) aún no está completamente preparado. Además, al necesitar ingresos prolongados, van a estar en contacto con bacterias hospitalarias, lo que podría suponerle más infecciones. El lavado de manos frecuente y el uso de mascarilla si se está resfriado son imprescindibles para evitar estas infecciones.

¿Qué problemas digestivos pueden aparecer?

La barrera intestinal de los niños prematuros es inmadura y no protege bien de los microbios que puedan infectar al bebé. Además, la alimentación con leche artificial y en mucha cantidad, supone una sobrecarga más para este intestino inmaduro. Todo ello contribuye a la aparición de enterocolitis necrotizante, una enfermedad digestiva grave que puede requerir cirugía.

También es muy frecuente que los bebés prematuros regurgiten y vomiten, puesto que los músculos de su esófago (el tubo por el que la comida llega al estómago) son aún débiles y permiten que la leche suba desde el estómago.

La leche materna disminuye el riesgo de aparición de enterocolitis y es el alimento mejor tolerado por el bebé.

¿Qué problemas neurológicos pueden tener?

La prematuridad y las situaciones en las que no llegue bien el oxígeno al cerebro pueden producir alteraciones en el desarrollo neurológico. Estos problemas neurológicos, que pueden ocurrir durante el embarazo, el parto o en los primeros días de vida, a veces persisten. Algunos bebés tienen problemas motores, parálisis cerebral, retraso del desarrollo o alteraciones en el cociente intelectual o  en el comportamiento.

Para que el desarrollo cerebral sea adecuado es importante cuidar las posturas del bebé e intentar que esté el máximo tiempo posible en contacto con su madre o padre, piel con piel en canguro.

Una vez que sea dado de alta, se realizará un seguimiento en la consulta para valorar cómo es su desarrollo y poner tratamiento (atención temprana) de forma precoz, en caso de necesitarlo.

¿Por qué a veces necesitan estar expuestos a una lámpara?

La bilirrubina es una sustancia que tiñe de amarillo la piel (esta coloración es lo que llamamos ictericia) y que aparece al destruirse en los primeros días los glóbulos rojos. El hígado de los niños prematuros no funciona aún al 100% de su capacidad y por eso no puede procesar toda esta bilirrubina que puede llegar a ser tóxica. La lámpara (fototerapia) ayuda a hacer el trabajo que el hígado no es capaz de realizar por sí solo, para disminuir la cantidad de bilirrubina.

¿Pueden tener anemia?

Los glóbulos rojos de los niños prematuros duran menos que los de un bebé a término. Esto, junto con la realización de los análisis que necesitan durante el ingreso, favorece que se desarrolle anemia. Esta puede provocar que crezcan más lentamente y ocasionarles problemas respiratorios, cardiológicos y a otros niveles. Según la gravedad de la anemia se le darán suplementos de hierro, medicamentos que aumenten la producción de glóbulos rojos o se realizarán transfusiones de sangre.

¿Por qué van a necesitar revisiones oculares y auditivas?

Cuanto más prematuro es el bebé, más inmaduros son los vasos sanguíneos que están en la retina. La alteración del desarrollo de estos vasos puede producir daños en la misma, retinopatía del prematuro, con alteraciones visuales importantes. Por ello resultan imprescindibles las revisiones oculares y el inicio precoz del tratamiento, en caso de necesitarlo.

Los bebés prematuros tienen también más riesgo de padecer distintos grados de sordera. Durante su ingreso se le hacen pruebas para comprobar su audición y poder poner un tratamiento lo antes posible.

Artículo publicado el  
4-4-2016, revisado por última vez el 3-4-2016
La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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