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Tumores cerebrales

El tratamiento principal de los tumores cerebrales es la cirugía, cuyo objetivo es extirpar el tumor

Tumor cerebral

¿Qué son los tumores cerebrales?

Un tumor es un grupo de células que, al crecer de forma anómala y descontrolada, forman una masa. Cuando esas células “nacen” en el cerebro, hablamos de tumor cerebral primario. Cuando proceden de un tumor de otro órgano, hablamos de metástasis cerebrales.

Aunque son muy poco comunes, son los tumores sólidos más frecuentes en niños.

¿Qué tipos hay?

Existen muchos tipos de tumores, cada uno con un tratamiento y un pronóstico diferente. Se clasifican en benignos y malignos, según la agresividad y la capacidad de dar metástasis.

Los gliomas de bajo grado son los más frecuentes; tienen un crecimiento lento y un comportamiento poco agresivo. Los meduloblastomas son los tumores agresivos más frecuentes; asientan normalmente en el cerebelo y suelen debutar antes de los 10 años.

Otros tipos menos frecuentes son los ependimomas, los gliomas de tronco del encéfalo, los craneofaringiomas y los tumores neuroectodérmicos primitivos supratentoriales.

¿Cuáles son los síntomas? ¿Cuándo debo consultar?

Dependiendo del tipo y la localización del tumor, los síntomas pueden ser sutiles y empeorar de forma gradual, o aparecer brusca y rápidamente. 

El síntoma más frecuente es el dolor de cabeza. Sin embargo, es importante advertir que es un síntoma muy habitual en la infancia, por lo que hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de los niños que se quejan de dolor de cabeza no tienen un tumor. Es recomendable consultar con el pediatra si el dolor despierta al niño por las noches o aparece por la mañana tras el despertar, si empeora al toser o hacer ejercicio, o si asocia vómitos, visión doble, debilidad o alteraciones al caminar.

Otros síntomas pueden ser: pérdida de fuerza o sensibilidad en brazos y piernas, convulsiones, dificultad en el habla, pérdida de equilibrio o cambios de personalidad.

¿Cómo se diagnostican?

El médico comenzará con la historia clínica y una exploración física y neurológica completa. Si sospecha un tumor cerebral, solicitará una prueba de imagen de la cabeza y también a veces de la médula espinal: un escáner (TAC) o una resonancia magnética. El diagnóstico definitivo lo da el análisis al microscopio del tumor, tras la biopsia o la cirugía. En ocasiones hay que hacer un análisis del líquido céfalorraquídeo, que baña el cerebro y la médula espinal, para ver si hay células del tumor en ese líquido. Generalmente, el estudio del líquido céfalorraquídeo se hace a través de una punción lumbar.

¿Cómo se tratan?

Depende del tipo de tumor, su tamaño y localización. En general, el tratamiento principal es la cirugía, cuyo objetivo es extirpar el tumor. En ocasiones no se puede quitar del todo, por ejemplo cuando se sitúa en una zona muy profunda o cerca de estructuras cerebrales importantes. Dependiendo del tumor, la radioterapia y la quimioterapia pueden ser necesarias.

Recientemente se están utilizando tratamientos, la mayoría experimentales, dirigidos contra alteraciones moleculares únicas del tumor, lo que se conoce como terapia dirigida.

¿Qué pronóstico tienen?

Depende sobre todo de la edad del niño, el tipo y la localización del tumor, En general, 2 de cada 3 niños sobreviven al menos 5 años tras el diagnóstico. Desafortunadamente, esta cifra es peor en el caso de tumores más agresivos, como los meduloblastomas o los gliomas del tronco del encéfalo.

Los niños con tumores cerebrales pueden sufrir secuelas como consecuencia del propio tumor y también por el tratamiento: sordera, defectos visuales, trastornos del movimiento o el habla, entre otros.

¿Cómo se pueden prevenir?

No se pueden prevenir. Los factores causales más relacionados con su aparición en niños son las radiaciones ionizantes y determinados síndromes de origen genético.

Artículo publicado el  
10-6-2015, revisado por última vez el 9-6-2015
La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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