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Escrito por pediatras, pensado para las familias

El consentimiento informado y los niños

La opinión del niño y la de sus padres resultan determinantes a la hora de asumir cualquier actuación médica que suponga algún riesgo para la salud

adolescente en la consulta

Hasta hace poco se admitía que el médico tomara decisiones sobre la salud y la vida de los enfermos aun sin contar con su aprobación. En la actualidad se piensa que esos actos tienen que basarse en la voluntad del paciente o de su representante. La autonomía de la persona constituye el eje principal a la hora de decidir. El fundamento ético y jurídico de esta diferente forma de entender  la actuación médica aparece sobre todo en la Ley 41/2002 de Autonomía del Paciente.

Como idea básica destaca la obligación de respetar la voluntad de una persona autónoma, que, después de una información adecuada a la importancia del diagnóstico o tratamiento propuesto, tiene derecho a decidir si lo acepta o no, aun sabiendo que ello pueda implicar un peligro real para su propia vida.

¿Qué es el consentimiento informado?

Es la manifestación oral o escrita, hecha de forma consciente y libre por un paciente, donde manifiesta que está conforme con un tratamiento o prueba diagnóstica que propone el médico que le atiende.

Desde el punto de vista ético, más importante que un documento escrito es la información previa, que tiene que ser clara, comprensible, evitando excesiva terminología médica, adaptada a las necesidades del enfermo para que le resulte útil en la toma de decisiones. Esa información la dará el médico responsable del paciente.

De manera habitual se hace de palabra, pero tiene que ser por escrito en intervenciones quirúrgicas y otros procedimientos de riesgo. También se exige el consentimiento escrito en ensayos clínicos, extracción y trasplante de órganos, procedimientos de esterilización, técnicas de reproducción asistida y donación y utilización de embriones y fetos humanos.

La comunicación no termina con la firma de un papel. Se debe mantener la información de forma continuada y progresiva y siempre debe quedar abierta la opción de anular el consentimiento previo. En los consentimientos escritos no son válidos los modelos generales, sino que se debe especificar según el procedimiento diagnóstico o tratamiento de que se trate.

Según la norma, toda actuación en el ámbito de la sanidad debería contar con el correspondiente consentimiento. Se entiende que en las actuaciones que impliquen cierto riesgo deba hacerse de una forma más completa y clara y en el resto de las situaciones hay que ofrecer toda la información necesaria pero sin caer en un formalismo excesivo.

El consentimiento en los niños     

En algunas situaciones el consentimiento no lo puede dar el paciente y lo tiene que hacer, en su nombre, el representante legal. Respecto a las normas en los menores de edad hay que considerar:

  • Edad inferior a 12 años: El consentimiento lo concede el representante legal, habitualmente los padres, después de haber escuchado la opinión del menor.
  • Entre los 12 y 16 años: El menor tiene derecho a dar el consentimiento por sí mismo si el médico considera que es capaz emocional e intelectualmente de comprender la información sobre beneficios, riesgos y alternativas a una actuación sobre su salud. Con frecuencia no es fácil determinar la capacidad del menor para asumir esa responsabilidad y depende de la valoración del médico. Pero ante una actuación de grave riesgo, los padres serán informados y su opinión será tenida en cuenta sin que esto suponga sustituir la decisión del menor.
  • A partir de los 16 años: Estaríamos en la llamada mayoría de edad sanitaria y, a todos los efectos, el sujeto es autónomo para tomar decisiones sin que tenga que intervenir ninguna otra persona.

En la participación en ensayos clínicos, técnicas de reproducción asistida, y extracción y trasplante de órganos la autorización requiere que el sujeto haya cumplido la mayoría de edad legal, esto es 18 años, o, en caso contrario, la deben expresar sus padres o tutores.

En el caso de chicas de 16 y 17 años, el consentimiento para la interrupción voluntaria del embarazo les corresponde exclusivamente a ellas y al menos uno de los representantes legales debe ser informado de esa decisión, salvo que  la menor alegue que esto le provocará un conflicto grave, como violencia intrafamiliar, amenazas o malos tratos.

Situaciones de conflicto

La intervención de los representantes legales de un menor se supone que siempre ha de favorecer la salud del representado. Pero podría suceder que entraran en conflicto la voluntad del menor con suficiente capacidad de juicio y la de sus padres o tutores.

En esos casos, siempre que se le considere suficientemente maduro, prevalece la voluntad del menor. Habrá que intentar llegar a un entendimiento entre ambas posturas,  pero si finalmente existen dudas habría que consultar al juez, que será quien dictamine la solución a tomar. Sin embargo, ante una urgencia que ponga en peligro la vida y que no puede esperar la resolución judicial, el médico tiene que actuar siempre en beneficio del menor, aun sin contar con la aprobación de los padres.

Artículo publicado el  
17-8-2012, revisado por última vez el 27-2-2013
La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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