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Jornada acerca de la tartamudez en los niños

Jornada acerca de la tartamudez en los niños

La tartamudez plantea interrogantes que la ciencia comienza a responder gracias a investigaciones en las áreas de la genética, la neuroimagen y la coordinación motora, las cuales están demostrando que se puede estar ante un trastorno causado por un problema de integración de los “circuitos neurológicos”.

Esto plantea muchas cuestiones acerca de su abordaje, como el de la necesidad de la intervención temprana y por tanto, la importancia de la detección precoz. Por ello, resulta imprescindible estudiar y divulgar las posibilidades que ofrece la detección temprana para romper con el mito de asociar la tartamudez con un “origen psicológico” o “traumático” y con el de “no intervenir antes de los 8 años”.

Una de las misiones más importantes que lleva acabo la Fundación Española de la Tartamudez, es concienciar a todas aquellas personas y profesionales que conforman el entorno del niño, sobre la importancia que tiene diagnosticar pronto las disfluencias (alteraciones de la continuidad o de la expresión del habla) infantiles. “La prevención de los trastornos es sin duda la mejor terapia”. Con ella se consigue evitar que un niño comience con un habla disfluente, se puede evitar que un cuadro simple se complique e incluso, conseguir que en muchos casos remita.

Es imprescindible que un padre o docente, cuando empiecen los primeros problemas, acuda o derive al niño a un logopeda especializado en tartamudez, con el fin de realizar un “diagnóstico diferencial”. Es allí donde se evaluará para tratar de diferenciar la “tartamudez persistente” de las “disfluencias evolutivas” y se pueden elaborar programas de intervención adecuados a cada situación.

Los criterios que indican la posibilidad de una tartamudez persistente del desarrollo son:

  • Tener antecedentes personales
  • Ser varón
  • Presentar algún trastorno del lenguaje (más aún si es de tipo fonológico)
  • Llevar más de 10 meses con tartamudeo
  • Presentar una tasa de velocidad de habla muy alta, así como excesivo ímpetu en el inicio de sus emisiones
  • Disfluencias atípicas
  • Edad de aparición posterior a los 3 años

El conocimiento y la detección de estos factores de riesgo permite realizar un diagnóstico precoz, lo que posibilita un rápido acceso al tratamiento, con el fin de remitir o reducir los síntomas de la tartamudez, así como minimizar su impacto en la calidad de vida de los niños que tartamudean. Porque, ser diferente, tener alguna característica atípica, puede ser realmente duro y en muchas ocasiones puede entrañar problemas profundos de carácter anímico o psicológico. Pero si además esa diferencia no se gestiona apropiadamente desde la infancia, puede acabar convirtiéndose en un verdadero trauma.

Con todo esto es importante conocer la importancia de una correcta intervención en el marco de la salud. La actitud del pediatra hacia el niño con disfluencias es decisiva, ya que desde su nacimiento es la figura más cercana y de confianza para los padres y es el primero al que acuden en caso de que perciban alguna dificultad.

Pero la complejidad de este trastorno (que implica aspectos de habla y comunicación, psicológicos y sociales) supone un verdadero reto para los profesionales. Y es por eso por lo que la única manera para alcanzar una práctica con rigor y mejorar las habilidades es a través de la investigación, la especialización y la experiencia clínica, la cual debe estar basada en evidencias.

Y con ese objetivo, el 4 de junio del 2016 tendrá lugar en Murcia la "I Jornada de Tartamudez en Edad Pediátrica". Con la participación de  la Fundación Española de la Tartamudez, el Colegio Profesional de Logopedas de la Región de Murcia y el Hospital Mesa del Castillo.

Para  más información e inscripciones:

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