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Escrito por pediatras, pensado para las familias

La crisis y los niños

Zapatos rotos

La presencia constante de la actual situación económica en los medios de comunicación lleva a extender la preocupación a esta publicación. La amplitud y profundidad de la recesión y sus consecuencias afectan a todos los ámbitos de la población y ello incluye la población infantil. Si bien poco se puede hacer desde el mundo sanitario para modificar las realidades económicas, sí en cambio se pueden analizar los efectos e intentar evitar y prevenir sus repercusiones.

Las instituciones ya empiezan a mostrar su preocupación. UNICEF dedica sus más recientes admoniciones al tema de la crisis económica y la propia Asociación Española de Pediatría ha enviado una encuesta a sus socios para conocer su opinión sobre los efectos de la crisis.

Los vaivenes de la situación financiera, origen y motor de la crisis, pueden quedar un poco lejos de la vida de los niños, pero los efectos sobre las economías domésticas por un lado y las medidas de austeridad que, parece ser que equivocadamente, aplican los gobiernos quedan ya mucho más próximos.

La disminución del poder adquisitivo de las familias, asociada al desempleo generado por la crisis y el aumento de los impuestos incrementa el contingente de personas hundidas en la pobreza, entendida ésta como las familias cuyos ingresos no superan el salario mínimo para el núcleo familiar. Los tramos más inferiores empujan a muchos a la marginación.

El resultado puede tener efectos registrables sobre la nutrición infantil; si no cuantitativamente, sí cualitativamente, cuando afecta al consumo de proteínas y alimentos frescos, como se ha notado en los hábitos de consumo según las empresas de alimentación. Ligada como lo está la obesidad a las clases sociales menos favorecidas, es posible que una situación de recesión económica en el primer mundo dé lugar paradójicamente a un incremento de peso entre los niños y adolescentes, mientras que en los países pobres, esa pobreza y la malnutrición van de la mano.

Por otro lado, el desempleo y las dificultades económicas son determinantes de frustraciones emocionales constantes. Viniendo de una etapa de prodigalidad, las carencias se viven mal, generan malestar, mal humor, depresión cuando no ira. Y es fácil entender que, sobre personalidades inestables, todo ello conduzca a alteraciones mentales de importancia, tanto de los adultos como de sus hijos. Dada la crónica desatención que la salud mental ha tenido en nuestras latitudes, esta situación sólo la lleva hacia el empeoramiento.

Como ya hemos escrito, el resultado es un creciente colectivo de pobres, gordos y locos.

A todo ello se suma que los gobiernos de los países más afectados han decidido que, ante la falta de recursos, la solución está en el recorte de los servicios, entre ellos los sanitarios. No sé qué ingenuidad les ha llevado a creer que eso no va a tener repercusiones notables. De nada ha valido que, en el caso concreto de España, donde todo el mundo coincide en considerar que tenemos un sistema sanitario excelente, que, encima, sea uno de los más baratos, cuando sólo se dedica a la sanidad un 8,9% de PIB, 3 o 4 puntos porcentuales por debajo de la media de los países de la UE. Con los recortes se consigue que donde antes había ahora no haya y eso no va a salir gratis. En Cataluña, que es donde antes se aplicaron los recortes en sanidad, las defunciones en 2011, respecto al 2010, se incrementaron un poco (0,83%). En España, un poco más. Se pueden analizar los detalles de las causas, pero esos son, simplemente, más muertos. Que se lo expliquen a sus familiares.

Cierto es que no todo lo que sucede es negativo. En el ámbito mundial y a pesar de que el fenómeno de la crisis económica es global, se ha registrado una disminución de la mortalidad infantil, en una tendencia que parece mantenerse.

Las limitaciones en medicamentos subvencionados y la exclusión de varios otros pueden contribuir a un descenso en el consumo de medicamentos inútiles, o al menos en su adquisición, porque este autor está convencido de que, y afortunadamente, una buena parte de los medicamentos prescritos y dispensados no se usan y permanecen en los armaritos de cuartos de baño hasta que se tiran a la basura.

Y también se debe tener en cuenta que las crisis económicas, no ya en este relativamente reciente capitalismo mundial, sino desde la más profunda antigüedad de vacas gordas y flacas, suelen tener un carácter cíclico y que no hay mal que cien años dure.

Pero desde este rincón queremos compartir con pediatras y padres todas estas preocupaciones sobre pobres, gordos, locos o muertos a las que nos vemos abocados por la codicia de unos, la imprudencia de otros y la estulticia de quienes nos gobiernan.

Artículo de opinión por Xavier Allué.
Pediatra, aunque jubilado (o al revés).

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